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domingo, 7 de agosto de 2011

Despertares de domingo

Desde que llegé a Oviedo he vivido muchos despertares diferentes, los cuales en un futuro narraré con más o menos censura. Ahora os contaré el de hoy.

Despertarse un domingo casi a las ocho de la mañana escuchando a dos capullos que vuelven de fiesta no entraba en mis planes de fin de semana.
- ¡Qué hijas de puta! Lo que más me jode es que se debían de creer guapas... ¡pero si no valían para ná! ¿No te quitas las lentillas? –Decía alguien desde el baño (aunque lo de decía es un decir, porque para este personaje hablar es lo mismo que para el resto del mundo es dar voces).
- Si, pero yo las tiro al suelo –Contestaba el otro capullo desde su habitación mientras hacia un amago de poner música.
- ¡Joder cómo huele todo la meada a ron!

Volveré al principio de la historia.

Tarde-noche de sábado del primer fin de semana de Agosto, Oviedo está más vacío que nuestra nevera. Esto es Asturias y, aunque Julio no haya podido ganar, son piraguas. No hay plan pero D recibe la llamada de Bizancio que se acerca desde oriente con su "bólido" amarillo metalizado y nos invita a acercarnos a BizanzioTown para tomar algo. Son las nueve y el trayecto son 20 minutos andando, esperar el primer bus y media hora de carretera.
La idea no me convence. Aunque me la venden como ir a tomar algo no me lo acaba de creer, ya que es algo que no entra mucho en los esquemas mentales de A, para el que se sale o no se sale, pero yo no me tomo una copa si no voy a salir. La lluvia amenaza.
Y eso que conozco gente que se hace seis, ocho o diez horas de coche solamente para echar un polvo, como si no hubiese puticlubs más cerca. O a otros que se meten veintiocho horas de autobús para pasar un fin de semana de lo más vulgar, aunque al menos pasen a saludar a su abuela. Pero ni acordándome de ellos...
A quiere ir, pero teme que D le haga la sucia de quedarse en casa de sus progenitores a dormir y que le toque volver solo. Finalmente se van los dos, bajo la promesa de que de la misma manera que van volverán, de la mano como dos buenas amigas quinceañeras destino de un bus que les llevará a algún lugar algo menos muerto.
Admito que me da pena haberme perdido la sesión de marujeo e increpancias a las personas que no se encontraban de cuerpo presente, entre las que me inluiré. Si normalmente se va de las manos no quiero ni pensar lo que fue ayer con la cantidad de motivos que tenían... viéndonos a veces pienso que Sálvame no es un programa del corazón, si no el más verídico reality-chow de la historia de la televisión.

De la noche poco puedo contar, unas cervecitas y una película más o menos acertada, un sábado al más puro estilo J Ovetensis (No confundir con J Abulensis, al que iba dedicado el post anterior). En cuanto a la de las tres reinonas, os podría contar la historia de como no rucaron a partir de lo escuchado desde la cama, pero la realidad, que como siempre será más vulgar, no la conozco ya que he preferido esperar a que se acostasen para levantarme porque de lo contrario hubiesen habido hondonadas de hostias.

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